martes, 29 de septiembre de 2015

“De fronteras invisibles pasé a un territorio de paz”


Es la reflexión que hace un joven a quien llamaremos Emmanuel* habitante de Ciudadela Sucre en Soacha (Cundinamarca), una de las zonas con mayor población en condición de desplazamiento y a quien el  SENA, a través del Programa de Articulación con la Media, forma para mejorar su calidad de vida.
La familia de Emmanuel tuvo que desplazarse hace 15 años, huyendo de la violencia que afectaba algunas zonas del departamento del Huila, llegaron al barrio Buenos Aires en compañía de su madre y una hermana a la casa de alquiler que tenía su abuelo, quien ya vivía en el sector.

Su infancia estuvo marcada por la separación de sus padres, “esta situación me dejó desconcertado y quizá la forma de reaccionar fue con rebeldía hacia mi madre y mis familiares allegados”, relata Emmanuel mientras escudriña sus recuerdos.

Sumado a su relación familiar poco afortunada, se unieron otros detonantes que terminaron por empeorar su situación en la casa, “me involucre en cosas que no tenía por qué meterme y que son muy fáciles de encontrar por aquí, a los 12 años empecé a consumir drogas como marihuana, bazuco y cripy entre otros; casi sin percatarme un día me encontré en el pandillismo y la delincuencia”.

Pero Emmanuel en el fondo sabía que debía cambiar, a su corta edad empezaba a comprender que la situación en que se hallaba le traería más problemas, de los que ya estaba afrontado al lado de sus seres queridos.

“Tal vez lo que más me atormentaba era ver sufrir a mi madre a causa de mis acciones y también lo que le ocurrió a la hermana de mi mejor amigo me hizo reflexionar, ya que por culpa de nosotros, la pandilla opositora que disputaba el territorio en que estábamos, la violó y la agredió físicamente”.

Poco tiempo después de los incidentes que describe Emmanuel se sumó otro motivo más para retirarse de este estilo de vida, “el expendedor de drogas a quien le comprábamos, fue objeto de un robo de ‘mercancía’  y esto desató una contienda con las pandillas del sector, aquí existen las fronteras invisibles y cada zona está marcada; a mí me tocaba defender al grupo, me dieron un revolver y cuando se presentó la confrontación el arma cayo a una alcantarilla y la golpiza que me gané fue descomunal, estuve inconsciente por varias horas, me salve de milagro”.

La decisión de dejar este mundo de violencia y consumo de sustancias adictivas no era fácil por todo lo que implicaba, pero había personas dispuestas ayudar, su abuelo, su madre y su hermana estaban ahí para respaldar a Emmanuel, quien a sus escasos 14 años, ya había vivido más de lo cualquier otro joven de su edad.

Su rehabilitación empezó cuando a uno de sus compañeros le encontraron sustancias psicoactivas, “un día que estaba con un amigo la policía hizo una requisa y nos encontró cuatro cigarros de marihuana, por esta razón nos trasladaron a la Comisaría de Infancia y Adolescencia de Soacha y de allí al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, este lugar recibí ayuda psicológica, hicimos algunos talleres de grupo y también inicié un tratamiento para dejar el consumo, en total el seguimiento duró dos años”.



Esta experiencia vivida reforzaba su idea de cambiar y pensó en volver al colegio, aunque se  convirtiera en un gran reto, ya que su pasado se había caracterizado también por agresiones hacia el cuerpo docente, de hecho por sus acciones violentas hacia un profesor había sido expulsado de un colegio del sector, sin embargo sentía que era una persona con sueños y metas y personalidad había cambiado, fue así que decidió ingresar.



“Cuando ingresé al colegio me enteré que el SENA estaba dictando algunos cursos, yo le comenté a mi familia y ellos empezaron a apoyarme con esta idea, era sin duda la oportunidad que estaba esperando”.

La oportunidad de llegar a ser arquitecto parecía tomar forma, desde sus ocho años ya le ayudaba a su padre en labores de construcción, habilidad que fue puliendo posteriormente con ayuda de su abuelo quien dedicó gran parte de su vida a esta actividad, ahora con su ingreso a la entidad en más confían los colombianos, su ideal estaba cerca.

“Mi meta es prepararme para ayudar a mi familia, en especial a mi abuelo quien lleva aproximadamente cuatro años con una enfermedad llamada artrosis de cadera, esto le ha paralizado las piernas y solamente lo podemos movilizar en silla de ruedas”.  

La hermana de Emmanuel también se forma en el SENA en el Tecnólogo de Gestión Empresarial y actualmente se encuentra en el desarrollo de la etapa productiva, su madre trabaja en un negocio de la zona, sin embargo con su reducido salario, apenas logra sostener su casa de cuatro miembros, a raíz de esta situación, este joven debe usar su tiempo libre para  trabajar y contribuir con  los gastos de su casa.
 
Emmanuel tiene en claro que el SENA se ha convertido en el aliado de sus sueños y sus metas, su decisión de abandonar su pasado y de ayudar a su familia, se han convertido en el incentivo para no desfallecer a pesar de la presión de sus antiguos compañeros a quienes les gustaría ayudar.

“He hablado con muchos de ellos pero es difícil, es desmotivador pero hay que aceptarlo, hace poco asesinaron un amigo a quien me hubiera gustado ayudar pero no todos tienen la misma visión; para mí ha sido una bendición pasar de fronteras invisibles a un territorio de paz gracias al SENA, todos los instructores nos han colaborado en lo que hemos necesitado”.

Emmanuel continúa consolidando sus sueños con el apoyo de la entidad más querida por los colombianos, actualmente estudia en grado 9° de bachillerato y hace parte de los cerca de 17 mil jóvenes de población vulnerable atendidos por parte del Centro Industrial y Desarrollo Empresarial de Soacha. 

*Nombre cambiado
 
 Por: Oficina de Comunicaciones Regional Cundinamarca